CAFETALERO

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viernes, 22 de abril de 2011

Los grandes afectos de HITO

Sobre el esposo de HITO
¿Quién era Juan Toro Martínez?




Muchos lo conocieron solo de nombre, pero otros tuvieron la grandiosa oportunidad de tratarlo como persona. Juan Toro Martínez era un soñador empedernido, amante de la vida, luchador, trabajador, excelente padre, adorable abuelo y amantísimo esposo. Nacido en la Pastora, en la ciudad de Caracas, toma vuelo hacia este gran desierto paraguanero, el cual hace 50 años no era ni la sombra de lo que es hoy en día. Comienza a trabajar con la Creole Corporation haciendo el primer ejemplar periodístico conocido como “Aquí Amuay”. Pasando por Adaro, Campo Médico y terminando en su casa de la avenida el centro en Judibana. Juan Toro Martínez fue sin duda, un aliciente de futuro para estas tierras que él, más adelante iba a querer y adorar como suyas. ¿Alguna vez alguno de ustedes se ha encontrado o ha tenido la dicha de conocer a una persona con un humor extraordinario y 100% optimista? Pues, todo aquel que lo conoció responderá que si., porque el Sr. Toro como le decían muchos, era una persona sencillamente excepcional y de esas que se encuentran pocas en la vida. A sus 73 años de edad continuaba brindando sonrisas y una mano amiga al quien lo necesitaba. Él era una persona que se desenvolvía en cualquier lugar, quizás por eso fue y es tan querido por todos. Hasta el último momento que nos acompañó; todas esas personas estuvieron allí, para decirle adiós, y para demostrarle una vez más, cuán valioso era. Se dice que una sonrisa puede mover montañas y hasta amansar al más grande de los leones, pues entonces ya entendemos el porqué de su carisma y la razón por la cual tanta gente se presentó para despedirlo contando maravillosas anécdotas, pero sobre todo, lo despidieron con un aplauso y una sonrisa, gesto hermoso que hoy le agradezco al Sr. Rogelio Lugo. Juan Toro Martínez nos ha dejado una gran herencia, invaluable en su totalidad, y es el amor por estos cujíes, esta brisa, esta gente tan álida, estos atardeceres y estos hermosos crepúsculos pues, al escuchar las anécdotas de toda esa gente, es cuando en realidad caemos en cuenta que su gran virtud fue siempre ser positivo y amar la vida.

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